Hernán Urbina Joiro por el poeta Alfredo Mendoza Cuello

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Hernán Urbina Joiro por el poeta Alfredo Mendoza Cuello

Hernán Urbina Joiro por el poeta Alfredo Mendoza Cuello

Poeta Alfredo Mendoza Cuello

Hernán Urbina Joiro por el poeta Alfredo Mendoza Cuello

 

Cavilaba… ¿Por qué se conjugaban tantos méritos en una persona? Me antojé de encuestar en su barrio a sus amigos de infancia. Les hice la misma pregunta: “¿Cómo era Hernán «Nacho» Urbina, a los tres o a los siete años?”. Todos respondieron realmente con una bendición: “Era un diablo”.

El niño nace un 16 de junio del año 1965 en el Hospital Rosario Pumarejo de López, en la ciudad de Valledupar, a las 12 de un día nublado. En El Valle lo exhibían vestido como astronauta en una cuna frente a la ventana. Desde ahí veía caer gruesas perlas de agua, gozaba con lo fugaz del relámpago, con el misterio del trueno, quedaba expectante esperando la caída del rayo.

A sus dos años trasladan a su papá a la telegrafía de San Juan del Cesar. A Nacho lo instalan entre las carreras 3 y 4 en la calle El Cayón. Desde su inicio fue un lugar para el ensueño. En un despertar se vuelve un lugar donde no se puede dormir, ni teniendo sueño y, sí alguien lo lograba, despertaba soñando con Nacho.

A las cinco de la madrugada había revisado las ruedas al carro de su papá, había dejado caer más de una tina, había amarrado al perro, había abierto la puerta del gallinero, había escondido una vestidura en el palo de totumo de Juanita Marulanda, previendo un castigo al desnudo en el patio de su casa.

Hernán Urbina Joiro por el poeta Alfredo Mendoza Cuello

A las seis de la mañana estaba tocando las puertas de los vecinos y amigos: Teo y Manuel Manjarrez, Kike Carrascal, Celso Plata, el esposo de Inés y a quien le hizo unos versos para un cumpleaños, a Mane Herrera, Tadeo Rumbo, José Parodi y a su consejera literaria, Isabel Elena «La nena» Ariza Mendoza, que calificaba sus canciones dedicadas a sus enamoradas, hijas de Dimas, hijas de Hernández, entre muchas.

Había nacido y crecido un colegio con nombre poético, el Gabriela Mistral. Allí recuerdan a Nacho cargado de fólderes con poesías y canciones. Recibía felicitaciones mientras lo arrastraban al portón, augurándole un montón de cosas buenas en el Colegio El Carmelo. En el Gabriela temían que se le fuera a ocurrir quedarse un año más, repitiendo.

Sus padres preocupados lo llevan a Medellín donde los médicos le diagnostican inteligencia, mucha inteligencia, y aconsejan dejarlo crecer salvaje por el bien de San Juan. Así lo atestiguan en el Colegio El Carmelo, donde se graduó de músico, cantante, poeta, compositor y bachiller. En la Universidad del Rosario, el Hospital Militar de Bogotá y en México no dejaron papel que no le entregaran.

Hernán Urbina Joiro por el poeta Alfredo Mendoza Cuello

Regresa a su patria y finalmente se queda en Cartagena donde desarrolla la medicina con excelencia, se hace historiador, humanista, escritor, facetas que van de la mano con su fama de poeta y compositor de la música vallenata.

Un lector desprevenido, frente a su poema Adiós a las arenas de mi calle (1978), sentirá a su espalda una soledad eterna, en los frentes, en las puertas, en los portones. El miedo es una estampa donde antes hubo ventanas.

Adiós a las arenas de mi calle es una poesía protesta en respuesta a las quebrantadas normas, a la quebrantada tradición en el trazado que dieron los abuelos a la calle el Cayón: Del este, la luz, el día, la vida, los cortejos y otros diarios; para el occidente al descanso, a la noche, a la eternidad.

Hernán Urbina Joiro por el poeta Alfredo Mendoza Cuello

Se adivina que el creador de esta poesía protesta de 1978 es aquel niño sensible, con un espíritu tan grande, tan grande, que cuando le tocó llorar, solo lo callaba la presencia de un cuadro del Corazón de Jesús. Ahora se desgarra en llanto al ver latente un mundo agazapado en su calle vacía.

Es el mismo que una vez presenció cuando unas gallinas le voltearon un plato de sopa a su papá, que, por decir algo, sentenció que las iba a envenenar.

Suficiente para que el niño corriera a la casa de la vecina, a pedirle que encerrara las gallinas porque su papá les había echado el ojo.

San Juan del Cesar, 12 de octubre de 2019.

Alfredo Mendoza Cuello es poeta y escritor nacido en San Juan del Cesar el 23 de marzo de 1945. Fue uno de los primeros y grandes poetas formales surgidos en San Juan del Cesar y su libro “Llovizna en el alma” (1981) se convirtió en nuevo horizonte para los jóvenes poetas de su pueblo, como Hernán Urbina Joiro.

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Hérnan Urbina Joiro
Hérnan Urbina Joiro
Escritor y humanista colombiano.

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