El deporte suele medirse por estadísticas, resultados y campeonatos. Sin embargo, algunos acontecimientos trascienden los números y terminan instalándose en la memoria colectiva como auténticos relatos culturales. Allí comienza el territorio de la poesía.
El Mundial de México de 1986 ocupa un lugar singular en esa historia. Fue una celebración de talento, imaginación y emoción compartida. Los nombres de Maradona, Platini, Lineker, Buitragueño, Ruggeri o Zubizarreta siguen evocando mucho más que un torneo. Representan una época, una manera de vivir el fútbol y una forma de comprender el espectáculo deportivo como experiencia humana.
La literatura ha entendido desde hace tiempo que el fútbol no es únicamente una competencia. Es también un lenguaje simbólico. En un estadio se expresan la alegría, la incertidumbre, la esperanza y la admiración. Los partidos terminan, pero las historias permanecen.
Precisamente esa es la apuesta del poema «De la mano del fútbol», incluido en Poesía escogida 1974-2019. El texto no intenta narrar un resultado ni reconstruir una crónica deportiva. Busca capturar el instante en que un episodio del juego deja de pertenecer al marcador y pasa a formar parte del imaginario universal.
La poesía tiene la capacidad de rescatar esos momentos irrepetibles. Allí donde el periodismo registra los hechos, el verso conserva la emoción. Lo que ocurrió sobre el césped se transforma entonces en memoria, ritmo y símbolo.
Quizás por eso seguimos regresando a ciertos partidos décadas después. No lo hacemos solamente para recordar quién ganó. Volvemos porque en ellos reconocemos algo profundamente humano. La sorpresa, la belleza, la controversia y el asombro.
Poesía escogida 1974-2019 reúne muchas de esas miradas sobre la existencia. Entre ellas, una dedicada al fútbol. Porque algunas jugadas terminan siendo tan memorables que encuentran en la poesía su forma más duradera de permanecer.
POEMA 37 De la mano del fútbol 1986 (Hernán Urbina Joiro)
Dieciséis años doblaron para volverlos a ver
con la maestría de Pelé
o Beckenbauer al mando
como Cubillas, muchachos
alegres tras cada pito
saltando
coreando
a gritos
lo que fue y no fue anotado.
En México debía ser
tras 1970.
Otra camada de atletas
que no volveremos a ver.
1986.
Fiesta.
Era el año, la hora
del brillo de Maradona
Lineker, Platini, Julio Cesar
Ruggeri, Zubizarreta
Buitragueño, Josimar,
aunque antes de la final
se definiera el mundial
por propia mano del fútbol.
Magia. Lo bello. Lo absurdo.
La mano
del gaucho. «De gaucho
les gano».
Fue antes de driblar a medio grupo
y empujarla con el pie
para apuntarse el segundo.
La mano
que inicia en el estadio Azteca
su propia sonata de piano.
Fue antes.
Poco después
de pitar el juez
la segunda parte.
Minuto seis.
La mano
que castigar
buscarán en vano.
A los creadores del fútbol
raudo
astuto gaucho
en lo que tarda un paso de chamamé
anota con la mano el rey del mundo.
Bogotá, julio de 1986.
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