EDUCAR PARA LA POLIS

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EDUCAR PARA LA POLIS

Hernán Urbina Joiro escritor

Acrópolis, Atenas. Foto Aleksandr Zykov. Wikimedia Commons

La Conferencia Latinoamericana de Educación Superior llevará sus planes decenales a Europa, donde hace mucho superaron lastres que aquí impiden e interesarse vivamente en la administración pública, en «la polis» al decir de los griegos, y no seguir siendo –por desinteresados en «la polis»– lo que ellos denominaban: idiotés.

En esto hay poco para enseñarles a los europeos, que cuentan con una herramienta educativa inestimable, y que bien podrían traerse nuestros ministros en la maleta.

No es secreto que la cooperación internacional debe caer en buen terreno para que sea eficaz o que desastres latinoamericanos como alta deserción estudiantil, fuga de profesionales, desigualdad para acceder a tecnologías o educarse con calidad –mismos males en primaria y secundaria– no serán resueltos por ninguna instancia extranjera.

Por eso sorprende que no parezca advertirse que las verdaderas soluciones surgirán aquí mismo, cuando los habitantes de «la polis» se apersonen responsablemente de ella.

Se ha dicho que el mayor peligro para las democracias son los ignorantes –que incluso manejan muchísimos datos–, esos que en masa siguen alelados a los populistas y cualquier barbaridad que les propongan.

Contra esto, en Europa cursa como asignatura o tema transversal la «Educación para la ciudadanía», un empeño ético-cívico de «formar ciudadanos activos y responsables, capaces de contribuir al desarrollo y al bienestar de la sociedad en la que viven, entrenados en la cultura política, el pensamiento crítico, el respeto de sí y de los demás».

Este ideal, de una educación para «la polis», convendría esparcirlo temprano en las escuelas; pero llegar a transmitirlo, en esa última oportunidad en el aula, en los estudios superiores, puede ser decisivo en estas regiones.

Cuando el ciudadano asuma que no debe desentenderse de lo que hagan con su «polis», que ser racionales no es llevar cerebro humano sino comprender las razones de los demás, que tolerancia es saber interaccionar con eso que no nos gusta; entonces podríamos aspirar a romper la fatalidad de ser pueblos violentos, saqueados e inequitativos.

Hay quienes asocian la ética a una contrarreligión. Nada más errado. El precepto religioso también debe ayudar a la enseñanza de ciudadanos responsables en lo político y un programa que, en verdad, busque «Educar para la polis» no debe reñir con la libertad de creer.

Pugnas en torno a esto –y a veces se ven en España– serían otros indicadores de la urgencia de una educación que permita comprender, entre otras cuestiones, que la libertad misma debe tener límites para que sea una verdadera y sana libertad.

En los planes decenales que se leerán en 2009 en París resaltan ciencia, tecnología y fomento de la investigación, imprescindibles para el progreso, aunque nuestro norte no consiste en que nuestros hijos dirijan en breve la Agencia Espacial Europea.

Necesitamos progresar en equidad, paz y justicia, entre ciudadanos auténticamente responsables, lo que podría atenuar populismos y coacciones extranjeras, vecinas o lejanas, inaceptables en cualquier caso.

Cartagena de Indias, 1 de junio de 2008.

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Hérnan Urbina Joiro
Hérnan Urbina Joiro
Escritor y humanista colombiano.

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