Despertado en ayer | Cuentos de Hernán Urbina Joiro | En manuscrito

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PRÓLOGO

El jueves 2 de septiembre de 1993 debió transcurrir como cualquier otro día en el Instituto de Inmunología del Hospital San Juan de Dios de Bogotá. Firmábamos antes de las ocho de la mañana en el libro de entrada, frente a una enorme pintura de tiempos de la colonia que cubría la pared occidental del recibidor. Los pasantes del grupo de la química Fanny Guzmán caminaban a la derecha por el corredor hasta los salones donde pegaban, uno a uno, como cuentas, los aminoácidos para elaborar pequeñas proteínas sintéticas que al ser inyectadas en los animales despertaban una inmunidad parecida a la que generan las vacunas fabricadas con virus.

Siendo pasante en el grupo de Biología Molecular, me debía dirigir al segundo piso donde practicaban las técnicas para ubicar los genes productores de anticuerpos contra las proteínas creadas por el grupo de Fanny. De un momento a otro, el doctor Luis Ángel Murillo, jefe de nuestro grupo, alzó la voz, dirigiendo a todos una mirada de lince: «Acaba de obtener taq polimerasa de alta pureza», dijo señalando al estudiante que él nombraba por Januario.

Mientras proveían al Instituto de un nuevo inventario de la enzima agotada, Januario se había dado a la tarea de cortar con diversos reactivos el pedazo exacto del genoma bacteriano que codifica la expresión de la taq polimerasa, la enzima capaz de duplicar cualquier secuencia genética. Lo siguiente era echar a andar el procedimiento que inducía a ese segmento genómico a producir la proteína, la taq polimerasa, todo esto realizado en los pequeños salones del Instituto que dirigía el doctor Patarroyo en el sur de Bogotá.

El grupo de Biología Molecular festejó el logro. Yo me quedé mudo, reparando en la visión que se presentaba ante mis ojos: la posibilidad de cortar una secuencia genómica y hacerla funcionar en cualquier ser vivo e incluso la facultad de combinar secuencias genéticas de distintas especies para crear seres quiméricos. Me aparté del resto de pasantes. Seguí pensando en todo aquello sentado en una silla. En adelante no fui el mismo. Esa misma noche del 2 de septiembre escribí el cuento No jugarás.

Seis meses más tarde, en Ciudad de México, al enterarme del apogeo entre norteamericanos por hacerse congelar al morir, con la esperanza de ser revividos algún día con una ciencia adelantada, empecé a darle forma a este libro de cuentos con el que todavía busco espantarme la visión de una época infausta en que la humanidad se equivoca con el uso de un conocimiento extraordinario.

Bogotá, 2 de septiembre de 1993

México D.F., 1994-1996
Cartagena de Indias, 2000-2018.  

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Hérnan Urbina Joiro
Hérnan Urbina Joiro
Escritor y humanista colombiano.

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