Escritor y poeta colombiano. Sitio oficial.

Cuando la tribuna deja de cantar

Cuando la tribuna deja de cantar

El fútbol nació como una ceremonia popular de encuentro. En el estadio, la ciudad se mira a sí misma, canta sus pertenencias, celebra sus colores y convierte durante noventa minutos la incertidumbre en relato común. Pero cuando la tribuna pierde su vocación festiva y se transforma en espacio de intimidación, el juego deja de ser juego y se vuelve síntoma de una fractura social más profunda.

El poema «Barras bravas», escrito en Cartagena de Indias en mayo de 2001, pertenece a esa tradición poética que no se limita a cantar la belleza, sino que también se atreve a interrogar la conducta colectiva. Hernán Urbina Joiro observa el estadio como un escenario moral. Allí distingue entre el aficionado verdadero, que sostiene la fiesta, y quienes se aprovechan de la multitud para ocultar su falta de civismo.

La fuerza del poema está en su denuncia directa, pero también en su defensa del fútbol. No habla contra la pasión, sino contra su deformación. No condena la hinchada, sino la pérdida de su alegría original. En ese sentido, el texto tiene una sorprendente vigencia. Cada vez que una familia evita el estadio por temor, el fútbol pierde una parte de su alma comunitaria.

Desde una mirada humanista, «Barras bravas» recuerda que el deporte no es sólo competencia. Es educación sentimental, pertenencia urbana, memoria barrial, música compartida. Cuando se rompe esa armonía, el daño no recae únicamente sobre un equipo, sino sobre la cultura que hace posible la convivencia.

Quizá por eso el poema sigue golpeando con claridad. Porque no pide menos pasión. Pide una pasión más alta, más limpia, más digna del balón y de la multitud.

POEMA 139 | Barras bravas (2001) | Hernán Urbina Joiro

Aficionados que arrollan jugadores
en directo los mira el mundo.
Revuelven barrios. Perturbadores.
Eso no es fútbol.

Comentaristas y narradores azuzan
dirigentes las financian
ni son barras ni son bravas
son delincuentes que se esconden tras la chusma.

No actúan por lealtad. Escapistas.
Buscan liberar su instinto criminal
alejando a auténticos porristas
que ahora evitan
el estadio por salvar
sus cuerpos de aquellos que lastiman
que cargan el puñal
que asesinan.

Se trata sólo de un partido.
Pero los adictos a la temeridad
lo vuelven un peligro.

Ni son barras ni son bravas.
Son cobardes que atacan a la sombra
y al fútbol no ayudan en nada.

                                                                 Cartagena de Indias, mayo de 2001.

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Hérnan Urbina Joiro

Escritor y humanista colombiano.

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