Macbeth no cuenta solo un crimen. Recrea la historia de un rey que existió cuando el poder aprendió a matar coronas, cuando la historia arde en la conciencia
Al volver a Shakespeare, entendemos que Macbeth no cae por un destino escrito en las estrellas. Cae en el momento exacto en que confunde la codicia con el sentido, y es allí donde la historia empieza a arder en su conciencia. Es un rey real, sí, pero visto desde el lente del miedo jacobino, cuando el regicidio dejó de ser un tabú para convertirse en una amenaza política.
Por eso, en mi lectura, Escocia no es un reino físico. Es la memoria donde la ficción y la historia se encuentran para aprender a temer lo humano, justo cuando eliminar a la autoridad deja de ser impensable.
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