
Dos profesores, miles de senderos
Uno me permitía abandonar el salón cuando todos creían que debía permanecer sentado. El otro se negó a aceptar el destino que los demás habían escogido para mí. Ninguno podía saber hasta dónde llegarían aquellos gestos, pero entre los dos evitaron que muchas puertas se cerraran antes de tiempo.



