Poema 95 | Rimas del Valle del Anáhuac (1994)

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Poema 95 | Rimas del Valle del Anáhuac (1994)

Canciones para el camino Poema 95 Rimas del Valle del Anáhuac

Hernán Urbina Joiro en los Canales de Xochimilco, en Ciudad de México.

Canciones para el camino Poema 95 Rimas del Valle del Anáhuac

Algo extraño respiré, sigue dentro y siempre salta a lo que escribo desde que pisé Ciudad de México y lo mismo me ocurrió de niño cuando recorrí el antiguo Londres leyendo Alicia en el país de las maravillas y Un cuento de Navidad.

Fueron muchas cosas. En 1994 México no sólo me regaló a Octavio Paz, sino además como tutor en el Instituto Salvador Zubirán al médico y escritor Arnoldo Kraus, que destellaba en las mentes del mundo desde el periódico La Jornada y en cada rincón donde se aparecía, siempre con un lápiz en la mano o en una oreja.

De las columnas de Arnoldo asimilé que se opina con verticalidad o mejor no se opina y que se está obligado a buscar precisión en el uso de las palabras. Pero de él también aprendí a hacer auténticas elegías, como la que escribió en 1995, Adiós, Rabín.

Mi Poema 95, Rimas del Valle de Anáhuac, lo dediqué a Arnoldo porque él sería un magnífico compañero para recorrer la onírica que respiré en Ciudad de México, la poética de aquel inmenso valle, releyendo a Octavio Paz mientras me curaba de desgracias fortuitas en aquel tiempo.

Canciones para el camino Poema 95 Rimas del Valle del Anáhuac

Para Arnoldo Kraus

I
Tú, que construiste sobre aguas
como construir poesía,
que los puentes de lugar cambiabas
como cambiar melodías,
tú, amante de olores y sabores penetrantes
propios de quien huye del letargo y el olvido,
que espantas las penas con guirnaldas vibrantes
para hacer convivir los difuntos con los vivos,
préstame tu Valle del Anáhuac, amigo,
para llorar mi propia noche triste
que empezó hace no sé cuánto, larga noche terrible,
déjame recitar con el eco de tu valle los versos
de un gran bardo que conocí en tu ciudad,
por quien me iré de estos sitios para siempre enfermo
de nostalgia y de silencio,
Octavio Paz.

Yo también huyo.
¿Hay alguien que no huya mientras viva?
La trampa, el ataque a traición aquí denuncio.
Una anciana que llaman muerte delató mi huida
y sus tambores lanzan contra mí serpientes.
Dame una canoa para escapar, hermano de suerte,
no tengo caballo, aliados, ni armadura,
me acojo a lo que diga Moctezuma
y lloro como Cortés por los amigos que se pierden.
Ahora me sentaré en esta roca a suspirar la amargura.

Créeme, no es posible acusar a esa mujer.
El rencor y el amor —que son lo mismo— la legitiman.
Todos la amamos, después la vendimos. ¿Qué otra cosa con ella
podía suceder?
Se alían los nuestros contra nosotros en la ofensiva.
¿Cómo no odiarlos? Y después,
¿cómo no perdonarlos?
Otra anciana llamada deslealtad mandó a buscarnos,
vámonos en canoa mientras leo a Paz
bajo la Luna,
en líneas tan bellas cifrado debe estar
el lugar donde escondió su tesoro Moctezuma,
rememos la laguna
que por este libro nos pueden untar
aceite en los pies y ponerlos al fuego.
He sufrido mucho, noches eternas por aquella que amé
y a nadie le sirve que repita a Cuauhtémoc.

II

Escribe esto que recito, no importa si en mexica, olmeca o maya,
en calendario de 18 meses
contemos la espera de mi esperanza.
Hagamos muchas chinampas,
rellenemos el lago de flores y verduras.
Va a querer un hogar en su venida futura.
Sí, tal vez, con muchas flores y verduras
y para que no vuelva a alejarse, quisiera que tuviera menos aguas.
Mientras regresa, contemplemos los sampanes,
reprochemos como el Náhuatl
que destella en tus volcanes:

Aquí me pongo a llorar,
me pongo triste.
Soy solo un cantor,
vean, amigos míos.

En el Valle del Anáhuac también soy sentenciado por cantor.
Solitario con mis rimas de tristezas,
mis amigos tampoco atienden mi clamor.

 

Canciones para el camino Poema 95 Rimas del Valle de Anáhuac

Arnoldo Kraus, médico y escritor mexicano.

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Hérnan Urbina Joiro
Hérnan Urbina Joiro
Escritor y humanista colombiano.

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